
Así de la nada dejo mis discos de lado por un ratito para intentar escribir unas pocas palabras acerca de una noticia que me shockeó... y mucho. Y no solo me doy cuenta de que la noticia me cayó mal, sino que no sé que se dice ante dichas noticias.
Ayer, 27 de Enero, murió el escritor norteamericano J.D. Salinger, aquel que le dio vida a uno de los personajes más míticos ever, Holden Caufield.
Se viene un momento cursi o como quieran llamarlo, pero Salinger fue un gran compañero siempre. Lo conocí de chica por medio de un compañero del colegio y a partir de ahí, intenté leer todo lo habido y por haber de él. Siempre que estuve mal, sola, aburrida, cansada, feliz, eufórica o lo que sea, J.D., estuvo ahí. Incluso creo que fue gracias a él que conocí a John Coltrane...
Me pasa con él, lo que él contaba en The Catcher In The Rye, que era algo así como: Cuando termino de leer un libro, lo que más me golpea de éste, es que deseas que el escritor fuese un increíble amigo tuyo y deseas llamarlo todas las veces que se te de la gana por teléfono.
Sabemos que Salinger fue un gran ermitaño y que vivió recluído en su casa de New Hampshire, lugar en el que murió ayer, pero sin embargo creo que nos hubíesemos llevado muy bien.
Bueno, basta de flasheo, esto fue simplemente una pequeña catársis resultado de una de esas muertes que te dejan helado.
Guardían entre el centeno, te voy a extrañar dude...
Lucianne